En muchos países, el uso de esteroides anabólico-androgénicos (EAA) aumenta entre quienes buscan mejorar su composición corporal, especialmente la masa muscular. Afecta a profesionales, aficionados y usuarios recreativos. Su fácil acceso por Internet y en el mercado ilegal favorece el consumo pese a sus riesgos. A nivel cardiovascular, puede causar hipertensión, isquemia miocárdica, insuficiencia cardíaca y muerte súbita, por daño directo en el corazón y los vasos, además de alteraciones lipídicas y procesos protrombóticos.
A nivel mundial, el consumo de EAA se estima en 6,4 % en deportistas masculinos y 1,6 % en femeninas. Hasta el 98 % de los usuarios son hombres, sobre todo amateurs, y cerca del 90 % presenta efectos adversos.
Introducción: La búsqueda del cuerpo «perfecto» y su precio oculto
En la era de la imagen y la gratificación inmediata, la búsqueda de una musculatura rápida ha llevado a más personas a recurrir a atajos químicos. Lo que inicia como mejora del rendimiento puede convertirse en dependencia de sustancias con graves consecuencias cardiovasculares.
El uso de EAA ha pasado del deporte de élite a un problema global de salud pública. Solo en Estados Unidos, cerca de 3 millones de personas los usan con fines no médicos. El panorama es preocupante: se estima que el 90 % de los usuarios sufre efectos adversos.
Una epidemia silenciosa entre aficionados
Aunque antes se asociaba a atletas de élite, el abuso de esteroides se ha normalizado en el deporte amateur. El acceso por Internet y el mercado negro en gimnasios ha extendido su uso entre personas que buscan objetivos estéticos. Hasta el 98 % de los usuarios son hombres, principalmente no profesionales.
La dosis hace al veneno: hasta 15 veces más
La peligrosidad de los EAA radica en sus dosis suprafisiológicas: los usuarios recreativos suelen tomar entre 5 y 15 veces más que las dosis terapéuticas. Estos “ciclos” o esquemas “piramidales” pueden durar hasta 48 semanas, sometiendo al cuerpo a un estrés químico prolongado.
A nivel molecular, el exceso de testosterona desencadena procesos agresivos. La aromatización la convierte en estradiol y la enzima 5α-reductasa en dihidrotestosterona (DHT), causando efectos visibles como ginecomastia o calvicie y una toxicidad multiorgánica que altera la estabilidad hemodinámica.
Caos lipídico: cae el colesterol “bueno”
Los EAA alteran rápido el perfil lipídico: en pocas semanas, el HDL puede caer más del 50 % y el LDL subir hasta un 40 %. Este desequilibrio es especialmente grave en usuarios crónicos de más de dos años.
Su base metabólica está en el aumento de la lipasa hepática, que acelera la degradación del HDL y reduce la protección arterial. Junto con la inflamación, como el aumento de TNF-α, favorece la disfunción vascular incluso en jóvenes.
Corazones agrandados y debilitados
Los esteroides provocan una hipertrofia miocárdica patológica, distinta del “corazón de atleta”. El corazón de un usuario puede llegar a 580 g, frente a los 300-350 g habituales, y la pared ventricular aumentar de 11 a 16 mm.
A nivel celular, la activación excesiva de receptores androgénicos estimula la vía mTOR/S6K1, el crecimiento celular y el estrés oxidativo. También induce fibrosis por exceso de fibroblastos y colágeno, causando un corazón rígido y con disfunción diastólica.
Estas sustancias pueden causar insuficiencia cardíaca grave.
El peligro de los ataques cardíacos en arterias «limpias»
Uno de los hallazgos más inquietantes en la medicina deportiva es la ocurrencia de infartos fulminantes en usuarios de EAA que presentan arterias coronarias sin placas de ateroma. Se han documentado casos catastróficos en hombres de 27, 30 y hasta 37 años. Esto ocurre debido a la activación de mecanismos protrombóticos y a la desestabilización del endotelio vascular, que pueden provocar espasmos arteriales severos o la formación directa de coágulos (trombosis).
A este riesgo se suma la policitemia secundaria. Los esteroides estimulan la producción excesiva de glóbulos rojos, elevando el hematocrito por encima del 52-54%. Esto aumenta drásticamente la viscosidad de la sangre, volviéndola «espesa» y difícil de bombear, lo que incrementa exponencialmente el riesgo de embolismos, accidentes cerebrovasculares e isquemia miocárdica súbita.
Conclusión: más allá del espejo
La evidencia es clara: los beneficios estéticos temporales de los esteroides no compensan el daño cardíaco duradero. Sus efectos pueden persistir meses o años tras suspenderlos, y el Strain Longitudinal Global (GLS) muestra alteraciones de la contractilidad incluso en usuarios “fuera de ciclo”.
Muchos exusuarios presentan una LVEF reducida, a veces ≤40 %, compatible con insuficiencia cardíaca. Frente a esta crisis en gimnasios, la educación y la prevención son esenciales. La pregunta persiste: ¿vale la pena dañar el motor que nos mantiene vivos por una imagen pasajera?
REFERENCIA
Borecki R, Słowikowska-Hilczer J, Jegier A, Zdrojewski T, Domińczak D, Szadkowska I.
The impact of anabolic-androgenic steroids used by athletes on the cardiovascular system.
Journal of Medical Science. 2026 June;95(2);e1568. doi:10.20883/medical.e1568
