El futbolista danés Christian Eriksen sufrió una nueva parada cardiaca durante un amistoso ante Ucrania el 7 de junio de 2026, tras haber padecido otra en la Eurocopa de 2021. Después de aquel episodio, se le implantó un desfibrilador automático (DAI) y pudo volver al deporte profesional, y como el futbolista danés ha indicado en sus redes sociales: “Estoy bien, esta vez fue diferente” … Evidentemente, lleva un DAI que le ha salvado la vida.
¿Qué ocurrirá ahora?
Según el consenso de la HRS (Heart Rhythm Society, organización médica internacional de referencia enfocada específicamente en el campo de la electrofisiología cardíaca y el estudio de las arritmias) de 2024 sobre atletas con DAI, estos casos deben evaluarse con criterios estrictos, especialmente cuando existe recurrencia de arritmias, como ha sido el caso.
Si un atleta con DAI recibe una descarga, antes de volver a competir debe estudiarse la causa, tratar la patología de base y comprobar que el dispositivo funciona correctamente aspecto que ha sucedido y que le ha salvado la vida.
Antes del regreso al deporte, también debe realizarse una prueba de esfuerzo máxima que reproduzca las exigencias de la disciplina para valorar la eficacia del tratamiento y la programación del DAI.
Además, deben existir planes de acción de emergencia adaptados al atleta, al deporte y al entorno, coordinados por el equipo médico.
Si las descargas son apropiadas, las arritmias ventriculares deben tratarse con fármacos y/o ablación, y su control debe confirmarse antes de autorizar la vuelta al juego. Ese es el punto clave y decisivo para el retorno a la competición del jugador danés.
El consenso HRS refuerza la “toma de decisiones compartida” (shared decision-making), que consiste en un modelo de colaboración entre el paciente (deportista) y el equipo médico, con el fin de evaluar los riesgos, beneficios y alternativas de continuar practicando deporte o someterse a ciertos tratamientos cuando existe un problema cardiaco serio, con el fin de alinear la decisión final con los objetivos y valores del individuo. Y esta toma de decisiones exige criterios de seguridad muy estrictos antes de autorizar el deporte competitivo:
- Prueba de esfuerzo obligatoria: ningún atleta con DAI puede volver a competir sin una ergometría máxima que evalúe si el ejercicio desencadena arritmias ventriculares o respuestas inapropiadas del dispositivo.
- Criterio de recurrencia: si aparecen episodios repetidos de fibrilación ventricular (FV) o taquicardia ventricular (TV) inducidos por el esfuerzo, desaparece la opción de decisión compartida y el atleta queda inhabilitado para deportes de moderada y alta intensidad.
- Estratificación según el sustrato: la causa importa. Si la FV se debe a patologías progresivas como la miocardiopatía arritmogénica del ventrículo derecho o la catecolaminérgica (TVPC), la restricción es mayor porque el esfuerzo favorece nuevas arritmias. Se desconoce la etiología del caso de Eriksen y la razón del implante del DAI, por lo que este punto no lo podemos discutir.
El caso de Christian Eriksen, que sufrió una FV en la Eurocopa 2021 y volvió al fútbol profesional con un DAI, ilustra el límite entre la readmisión deportiva y la descalificación por recurrencia:
- Ausencia de recurrencia: Eriksen pudo volver al fútbol de élite porque, tras los estudios y tratamientos, permaneció estable y sin arritmias, también en las pruebas de esfuerzo.
- Regulaciones locales: En Italia (Inter) no podía competir en deportes de contacto con un DAI por el riesgo de traumatismo, por lo que se trasladó a Inglaterra (Brentford y Manchester United) y posteriormente a Alemania (VfL Wolfsburg), donde prima una evaluación individual.
- Si hubiera recurrencia según la HRS 2024: un nuevo episodio de FV o una descarga apropiada durante entrenamientos de alta intensidad habría respaldado su descalificación permanente del fútbol profesional, al indicar fracaso del tratamiento y alto riesgo de nuevas arritmias o fallo del dispositivo.
El futuro profesional de Eriksen queda muy comprometido. Si se aplica un criterio estricto, su edad (34 años) y el antecedente de dos paradas cardiacas hacen aconsejable su retirada del fútbol competitivo.
Podría plantearse una decisión compartida entre jugador y médicos, pero esta deja de ser válida si hay recurrencia arrítmica o síncope con esfuerzo. Además, la ESC y la ACC/AHA exigen al menos tres meses sin eventos ni terapias del DAI para permitir deporte competitivo. Al incumplirse este criterio en un partido de alta intensidad, Eriksen queda en Clase III (contraindicado/no elegible).
Según el médico de la selección danesa, el DAI funcionó correctamente y permitió reanimar al jugador. Sin embargo, desde el punto de vista regulatorio esto confirma el peor escenario: el tratamiento preventivo ha fallado en evitar el desencadenante arrítmico, y el esfuerzo extremo se confirma como factor activo, con alto riesgo de nuevas arritmias o incluso tormenta arrítmica si continúa compitiendo.
La situación tiene un fuerte impacto personal y familiar, pero la prioridad debe ser la salud del jugador. La decisión es difícil, aunque todo apunta en una sola dirección.

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