Cribado Cardiaco en Deportistas de Élite: Entre la Teoría y la Práctica Médica
El paro cardiaco súbito (SCA) o la muerte súbita (SCD) es la principal causa de muerte en deportistas de élite, con una incidencia de 1 a 2 casos por cada 100.000 personas al año. Aunque las guías internacionales recomiendan el cribado o screening (basado generalmente en historia clínica, exploración física y ECG de 12 derivaciones) para detectar patologías subyacentes, su implementación real se enfrenta a retos logísticos y organizativos considerables.
Un estudio realizado con Directores Médicos (Chief Medical Officers: CMOs) de organizaciones deportivas de élite en Australia y Nueva Zelanda ha revelado las claves para que estos programas funcionen con éxito y cuáles son las barreras que lo impiden.
1. La clave del éxito: Acceso a expertos
Contar con cardiólogos especializados en deporte es el principal facilitador. Los médicos de los equipos sienten mayor confianza cuando disponen de un circuito claro de derivación y expertos que ayuden a interpretar ECGs complejos. Por el contrario, la falta de esta «expertise» o de pruebas avanzadas (como resonancias o Holter) fuera de las grandes ciudades retrasa los diagnósticos y genera incertidumbre.
2. El cribado no es un «lujo», es una inversión
Muchas organizaciones deportivas perciben el cribado como una molestia burocrática o un gasto excesivo en lugar de una medida de seguridad esencial.
- Facilitador: Disponer de personal administrativo que gestione citas y registros, permitiendo que el médico se centre en la parte clínica.
- Barrera: Cuando la organización no financia las pruebas de seguimiento y el coste recae en el atleta, se generan retrasos peligrosos y procesos incompletos.
3. Cuestión de tiempo: El «desastre» de las pruebas de última hora
Uno de los hallazgos más críticos es la importancia del timing. Realizar el cribado justo antes de una competición o un viaje internacional es descrito por los médicos como «un desastre». Si aparece un resultado anómalo el día de la competición, el médico se ve bajo una presión inmensa para decidir si el atleta puede participar sin tener todas las pruebas necesarias.
- La solución: Realizar el cribado en pretemporada o con suficiente antelación para permitir un estudio exhaustivo sin presión competitiva.
4. Desafíos con menores y atletas internacionales
El estudio destaca dos grupos de difícil gestión:
- Menores de 18 años: Coordinar sus horarios escolares y decidir la edad exacta de inicio (generalmente a los 16 años) supone un reto logístico. También se discute el punto de corte de edad para iniciar el cribado (recomendación local de 16 años), que genera dudas cuando hay deportistas de 15 años en plantillas sub‑17.
- Atletas «fringe» e internacionales: Aquellos jugadores que compiten fuera del país o que son llamados a última hora a la selección suelen escapar a los controles rutinarios, creando «tormentas perfectas» de riesgo médico.
5. El factor humano: La relación médico-atleta
Para el deportista, el cribado suele ser tranquilizador y ayuda a construir un vínculo de confianza con el equipo médico. Sin embargo, si los entrenadores lo ven como una pérdida de tiempo de entrenamiento o los atletas como un trámite, la adherencia disminuye.
Conclusiones para la práctica clínica
Para que un programa de cardiología del deporte sea de «mejor práctica», no basta con hacer un ECG. Los autores recomiendan:
- Aumentar la formación de cardiólogos del deporte.
- Asegurar financiación que cubra no solo el cribado inicial, sino también el seguimiento.
- Planificar con antelación, alejando las pruebas de las fechas críticas de competición para proteger tanto la salud del atleta como la integridad del proceso médico.
REFERENCIA
Angus J. Davis, John W. Orchard, Tim Driscoll, Jessica J. Orchard. Chief medical officers’ perceptions of athlete cardiac screening. JSAMS Plus 7 (2026) 100138
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2772696726000049
